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El alumbramiento y la placenta: La tercera etapa del parto

Tras la emoción del nacimiento del bebé, el cuerpo de la mujer completa el proceso de parto con una etapa fundamental pero a menudo olvidada: el alumbramiento. Esta tercera fase consiste en el desprendimiento y expulsión de la placenta y las membranas que han alojado y nutrido al bebé durante nueve meses. Aunque es más […]

El alumbramiento y la placenta: La tercera etapa del parto

Tras la emoción del nacimiento del bebé, el cuerpo de la mujer completa el proceso de parto con una etapa fundamental pero a menudo olvidada: el alumbramiento. Esta tercera fase consiste en el desprendimiento y expulsión de la placenta y las membranas que han alojado y nutrido al bebé durante nueve meses. Aunque es más breve y menos intensa que las etapas anteriores, requiere una atención cuidadosa para garantizar que concluya de manera segura y completa, previniendo complicaciones como hemorragias postparto.

El alumbramiento puede manejarse de forma fisiológica o activa. En el alumbramiento fisiológico, se respeta el tiempo natural del cuerpo. Tras el nacimiento, el útero sigue contrayéndose de forma espontánea, lo que ayuda a que la placenta se desprenda de la pared uterina. La mujer puede sentir nuevamente ganas de pujar, y con un esfuerzo suave y guiado, la placenta es expulsada. Este proceso puede durar desde unos minutos hasta media hora. Durante este tiempo, se coloca al recién nacido sobre el pecho de la madre, donde el contacto piel con piel y la succión temprana al pecho estimulan la liberación de oxitocina, hormona que fortalece las contracciones uterinas y facilita el alumbramiento.

En el alumbramiento activo, el equipo médico interviene para acelerar el proceso y reducir el riesgo de hemorragia. Suele implicar la administración de una inyección de oxitocina sintética en el momento del nacimiento del bebé, junto con un pinzamiento y corte temprano del cordón umbilical y una tracción controlada del mismo por parte de la matrona. Ambas opciones son seguras, y la elección debe ser conversada y consensuada con el equipo médico durante el embarazo o el parto. Una vez expulsada, la placenta es examinada minuciosamente para asegurarse de que está completa, ya que cualquier resto en el interior del útero podría causar infección o sangrado. Concluido el alumbramiento, se cierra oficialmente el ciclo del parto y se inicia el puerperio, con la madre y su hijo iniciando su vida juntos.

El alumbramiento y la expulsión de la placenta representan la tercera etapa del parto y marcan el cierre de un proceso intenso y transformador. Aunque suele ser más breve que las fases anteriores, esta etapa es fundamental para asegurar la salud de la madre, ya que la placenta debe desprenderse completamente para evitar complicaciones. Comprender su importancia y el papel del personal de salud en la vigilancia de este momento brinda seguridad a la mujer y su bebé. Reconocer el alumbramiento como parte esencial del nacimiento permite valorar la complejidad del proceso y la fortaleza de la maternidad.

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